Noticia

Terapia asistida con caballos para víctimas de violencia: el nuevo plan de Madrid

La Comunidad de Madrid pondrá en marcha el próximo 22 de septiembre, según ha anunciado la presidenta Isabel Díaz Ayuso durante el Debate del Estado de la Región, un programa piloto de terapia asistida con caballos para mujeres víctimas de violencia.

Terapia asistida con caballos para víctimas de violencia: el nuevo plan de Madrid

El proyecto contempla 36 plazas, ocho sesiones por participante y la posibilidad de que se sumen hijos menores y personas dependientes a su cargo. Es un paso político que pone al caballo en el centro de un recurso terapéutico, y eso obliga a hablar, también, del animal que soporta esa función.

El dispositivo anunciado

La iniciativa se desplegará en distintos puntos municipales del Observatorio Regional de la Violencia de Género y se complementará con un convenio de 500.000 euros con el Colegio de la Psicología de Madrid para reforzar la atención psicológica, incluyendo un programa específico de apoyo a los profesionales que atienden a las víctimas. Entre los objetivos declarados figuran reforzar la autoestima, reducir la ansiedad y el estrés, aprender estrategias de gestión emocional y mejorar las habilidades sociales, mediante actividades socioeducativas en interacción con caballos, en espacios naturales y bajo supervisión de personal especializado.

Lo que la nota oficial no aclara

Cualquier intervención asistida solo se sostiene si el caballo implicado está etológicamente sano y su bienestar no se subordina al calendario de sesiones. Aquí empieza el problema: el anuncio no detalla qué entidades operarán el programa, cómo se seleccionan los animales, qué criterios de exclusión se aplican a ejemplares con hipervigilancia o estereotipias previas, ni qué manejo se exigirá a los profesionales que los intervienen. Tampoco se menciona la carga semanal máxima por caballo, su rotación ni el protocolo de retirada ante signos de agotamiento. Sin ese marco técnico, la iniciativa corre el riesgo de replicar una confusión muy extendida en el sector: confundir "manso" con sobreinhibido. En demasiadas hípicas, ese adjetivo solo describe a un animal que ha aprendido a desconectar para sobrevivir al manejo.

Lo que conviene seguir de cerca

El caballo metido en un programa con personas en estado de activación emocional elevada necesita una desensibilización real y un etograma de referencia que detecte a tiempo la sobrecarga. Si se le exige encadenar ocho sesiones sin esos controles, no будет terapia: será exposición. La exigencia es innegociable: el bienestar del animal debe evaluarse con los mismos indicadores que el de las participantes; de lo contrario, solo estaremos vistiendo con lenguaje clínico la vieja costumbre de apretar al caballo hasta que calle.